El Apra ha apuñalado a la democracia. Eso de instigar a la policía y a las fuerzas armadas a disparar a matar con garantía de impunidad y aquello de intimidar a alcaldes y jefes de gobiernos regionales con penas de cárcel efectiva si se atreven a hacer política, eso es algo que Chávez todavía no ha encargado y que sólo el líder de Cuba podría aplaudir.
Claro: también lo aplaudiría Pinochet. Y Sánchez Cerro. Y Tartufo Tacones, el bandido de Dick Tracy. Y Mosca Loca. Y Langberg. Y el viejo Del Pomar. Y Melgar, el más elocuente defensor que Tatán haya tenido. Y los chicos del grupo Rodrigo Franco, armados por los chicos de ese tal Mantilla.
Mientras nos distraían con el asunto del Congreso, preparaban sus trampas de conejo. El problema de las trampas de conejo es que hay que ser conejo para caer en ellas. Y García está seguro de que él es el único cazador en este bosque (los demás: conejos).
Que le hagan su transfusión de litio, que se bañe en agua de azahar, que pruebe con brebajes trujillanos. Pero que no envíe al señor Del Castillo a mentir como un marrano. Ni a la señora Zavala a mentir como bourrier.
Ese decreto legislativo fascista ha sido hecho a la luz de las facultades extraordinarias delegadas por el Congreso para que el Ejecutivo legislara sobre “el crimen organizado”.
Incluir a gobernadores de región y a alcaldes en el mismo hipo legislativo con el que se enfrenta la delincuencia sistemática ya es una grosería digna de quien insulta al magisterio habiendo sido su santa mami una maestra. Pero tratar de recluir a presidentes regionales y a alcaldes en sus despachos con la figura de la extorsión es la muestra de hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen del doctor García si es que no se le empieza a parar (y ahora).
Por eso es tan importante para el gobierno impedir que la agenda del Congreso caiga en manos de la oposición. Por eso los ayes desmayados, los grititos teatrales de Velázquez Quesquén: “qué horror, se juntan Unidad Nacional y nacionalistas para hacer lo que Chávez les manda”.
Velázquez Quesquén fue confeccionado centímetro cuadrado a centímetro cuadrado en la fábrica de felpudos de Alfonso Ugarte. Él dice lo que nuestro Chávez le manda decir. Y de lo único que se trata es de conservar el manejo del Congreso para lo que acaban de hacer y para lo nos espera.
Por eso les es crucial también secuestrar al Tribunal Constitucional. Estoy seguro de que el señor al que Paola Ugaz pescó junto a Mantilla jugando a la comidita habría sido muy útil a la hora de examinar el decreto intolerable anunciado el pasado domingo. Mantilla, además, podría haber sido uno de sus mentores, cómo no.
Como dijo Allan Wagner –o lo que queda de él–, la ley del fuego a discreción “nunca ha existido antes”. Es cierto. Ni Fujimori la planteó ni a Montesinos se le ocurrió algo tan descaradamente dictatorial.
El régimen resbala por la pendiente del colombiano Uribe (y todo indica que quiere superarlo). Uribe tuvo comercio carnal con los paras. García quiere que policía y fuerzas armadas actúen como paras ante el “delito social” del descontento. Aconsejado por lo más lóbrego del Apra, García cree que así ha interpretado la demanda de más autoridad. Ya no recuerda que el mandato de las elecciones fue más consenso, más consultas, más equilibrio entre poderes, menos presidencialismo rabietudo, menos despilfarro de la palabra autoridad precisamente.
En todo caso, las regiones han reaccionado de inmediato. Los alcaldes lo harán. El Tribunal Constitucional tendrá que cumplir con su deber. Nos libraremos de esta. Pero nadie puede saber cómo viene la próxima mano, el próximo puño, la conexa bufalada. La trayectoria de colisión está trazada. Este gobierno, adorado por la Confiep, puede terminar muy mal. Porque supongo que las fuerzas armadas, aunque hoy están jefaturadas por un papanatas, no se dejarán llevar de la nariz hacia otro proyecto personalísimo. Así se lo pida el Fujimori bien hablado que hoy nos gobierna.
